Música de antaño, afiches artísticos y aromas mediterráneos

Publicado por Vorágine en

Resquicio bohemio

Sobre San Jerónimo, esquina con Isabel la Católica, una gran mano metálica en color dorado resalta entre el gris asfalto de la calle peatonal que da la bienvenida a la Hostería La Bota, un requeteconocido bar, frecuentado, según dicen varias reseñas, por hípsters, intelectuales y poetas chilangos.

Mientras esperamos a que nos asignen una mesa, observo a un extranjero de pelo rubio sentado en una de las mesas al aire libre, está solo, su rostro inexpresivo me hace pensar que quizá esté embotado por el alcohol o maquinando sesudos pensamientos.

Una tarde para disfrutar de una buena lectura y una cerveza bien fría

Pero lo olvido pronto porque nuestra mesa está lista, se halla en un estrecho pasillo frente a la barra. Detrás está la cocina, de la cual se elevan aromas del mediterráneo, mucho ajo y otros condimentos que no puedo reconocer pero que dejan su impronta en mis secos ojos. Las paredes están repletas de etiquetas de vinos, afiches, botellas, fotografías, dibujos, citas literarias, latas, recuadros, un extinto disquete, la cabeza de un gran toro, figurillas de varios materiales y formas y cualquier tipo de objetos que se puedan imaginar. Diseño inspirado, según Adrián Calera-Grobet, uno de los 4 dueños del lugar, por su tendencia a la acumulación, el gusto por la tradición taurina y por el trabajo del artista plástico mexicano Alberto Gironella, que al igual que Adrián, compartió con él la singularidad de tener un padre español.

Adrián Calera-Grobet

Una mujer de ojos claros se acerca a cada mesa y deja un paquete de libros e imágenes que puedes adquirir por poco más de 100 pesos y que incluyen una chela o un mezcal. En las mesas hay gente muy diversa; grupos de amigos, parejas de todo tipo que comparten algún platillo y beben vino o cerveza. La mayoría son adultos jóvenes de vestimenta casual y sonrisa fácil. La música de fondo es una especie de cha cha chá que te transporta a otra época y se mezcla con el bullicio de las pláticas, el tintineo de los cubiertos, el roce de las botellas sobre las mesas y el ir y venir de los ajetreados meseros.

La Bota nació en 2005, casi de la mano de Casa Vecina, un centro cultural de la Fundación Slim ubicado en el corredor cultural de Regina y en el que colaboraba Antonio, hermano de Adrián, quien es escritor y promotor cultural. Con la continua afluencia de artistas, escritores y otros intelectuales al centro cultural, la idea de un sitio donde pudieran platicar, comer y beber algo con tranquilidad se les presentó de manera muy natural, pues como el propio Adrián lo expresa: quisimos abrir un bar por gordos y borrachos y ríe con picardía. Abrieron pues un pequeño espacio bohemio debajo de Casa Vecina y más tarde, cuando Antonio dejó de trabajar ahí se trasladaron a San Jerónimo.

¡Encuentra todas las curiosidades posibles!

El concepto de cultubar fue ideado por el dramaturgo y poeta mexicano Alejandro Aura con la creación de su teatro-bar El Hijo del Cuervo, y los hermanos Calera-Grobet lo adoptaron debido a que uno de los objetivos del lugar es mantenerse como un espacio abierto a la tertulia y al fomento cultural a través de talleres, pláticas y lecturas de algunos de los textos que publican en su editorial Mantarraya ediciones, proyecto autosustentable que busca dar voz a los autores nacionales emergentes.

Pero lo que Adrián disfruta más es la comida, en especial el jamón serrano; con 100 pesos comes chingón y además te echas unas chelas, asegura. No es tan caro, no queremos desangrar al comensal, queremos que disfrute de una buena comida mientras se relaja y pasa un rato agradable con sus amigos.

No miente, la cerveza sabe muy bien, tiene la temperatura perfecta y nuestro platillo, al que bautizaron como Harta Pasta, combina colores y sabores de champiñones, aceitunas, alcaparras y queso derretido entre largas tiras de fetuccini.

Comienza a llegar más y más gente, ahora ya hay fila en la gran mano dorada y también en el baño de damas, la música cambia de ritmo y aumenta el volumen. Las risas estallan con más frecuencia y el barman muestra su habilidad y destreza al tomar una botella y otra a gran velocidad. Comienzo a sentir la pesadez del calor y el alcohol, es hora de partir.

Por Patricia Munguía Correa, ¡síguela en twitter!

¡Y recuerda seguir a VORÁGINE en FacebookTwitter e Instagram, para que no te pierdas ninguna de nuestras publicaciones!


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *