Avatar: Fuego y Cenizas – La irrelevancia de los odiadores

Publicado por Javier Leyva en

El Rey Midas del cine

Terminator, Aliens, Titanic. Durante casi cuatro décadas, James Cameron no se cansó de clavar un hitazo tras otro y en 2011 agregó a su filmografía Avatar, película de ciencia ficción que nos lleva a Pandora, un planeta habitado por humanoides azules, cuya cultura tribal se enfrentaría a los intereses de una humanidad invasora.

El filme cautivó al público con revolucionarios efectos especiales y esto se reflejó en la taquilla al llevarse todo el dinero que existe. El Rey Midas del cine lo volvía a hacer.

Pero paralelamente al éxito de Avatar surgió un reducido grupo de personas que la consideraron una obra sobrevalorada, argumentando que su historia era demasiado simple. Y la verdad que lo es.

¿La simpleza es su debilidad o su fortaleza?

La historia de Avatar va sobre un soldado humano que cambia de bando al conocer la cultura de los na’vi y decide luchar para defenderlos. Se trata de un tema universal de la humanidad, que siempre ha estado manchada por el imperialismo y sus resistencias. Esta historia tan simple es perfectamente funcional y fue la virtud que la hizo resonar tan fuerte con el público.

Años después llegó la continuación, Avatar: El Camino del Agua, que volvió a llevarse cantidades ingentes de dinero y fue otro espectáculo visual, que además intentó complejizar la trama y los personajes, tal vez en respuesta a las críticas. Y aunque definitivamente no está a la altura de la original, es una más que digna continuación.

Pero si a Avatar le va tan bien con el público ¿por qué algunos la desprecian o incluso la detestan? Tal vez estas personas quieran distinguirse poniéndose en contra de lo que todos disfrutan y señalar algo (tan obvio) como la simpleza de la trama les genera un sentido de superioridad. Pero también puede haber motivos más siniestros…

Avatar: Fuego y Cenizas

El reciente estreno de la tercera entrega de Avatar ha vuelto a poner a la saga en órbita del público y, como es costumbre, cuando algo se pone de moda empieza la discusión en redes.

Los que están en contra blandieron dos argumentos: Que Avatar no tiene impacto cultural y “¿Dime el nombre de un personaje?”; y aunque ambos fueron ampliamente desacreditados, estuvo rarísimo ver como los repetían como si se tratase de una especie de credo.

Estas voces críticas tuvieron eco en el contenido de algunos youtubers, pero ya sabemos que la mayoría de ellos solo se dedican a vender cualquier moda y la realidad es que la controversia murió muy rápido, cuando la película empezó a hacer taquilla y las críticas (serias) le dieron calificaciones aceptables.

Detrás del odio

Hay que señalar que el hate viene solo de una minoría muy vocal y normalmente son los mismos que odian todo lo que etiquetan como woke.

Y es que la narrativa de Avatar es una nada sutil alegoría del colonialismo inglés/estadounidense en contra de los pueblos originarios de Norteamérica y ese mensaje de corte antiimperialista suena muy hippy e izquierdozo, lo cual no cae nada bien entre aquellos que odian las luchas por la liberación de los pueblos y apoyan al imperialismo, como si se tratara de equipos de futból, pero con una connotación sumamente perversa, pues muchas de estas personas parecen estar jugando al juego del odio, uno que es muy peligroso, pues pronto pasan de la rivalidad al odio verdadero y después a la violencia, lo cual es más preocupante en una época de crecimiento del fascismo en algunas latitudes, particularmente de Europa y Estados Unidos.

¿Las redes determinan algo?

Algunos piensan que las redes sociales tienen la capacidad de determinar el éxito o fracaso de una película, pero en realidad el efecto es moderado. Pongamos el ejemplo de tres live actions recientes de Disney, que es de los blancos favoritos de los haters: La Sirenita, Blanca Nieves y Lilo y Stitch. Cada una recibió su respectiva campaña de odio y mientras que Blanca Nieves fue un fracaso, La Sirenita tuvo una muy buena taquilla, y Lilo y Stitch rompió la barrera de los mil millones de dólares.

Nos guste o no, el público masivo es el que decide como le va a una peli y no la bandita peleándose en internet. Y si bien en todo hay espacio para la crítica, a veces lo mejor es ser un espectador casual y enfocarse más en disfrutar lo que nos gusta que en odiar lo que no entendemos.

Mejor veamos Zootopia 2 y sigamos con nuestras vidas

Por Javier Leyva, personaje de ficción. Sígueme en twitter e instagram.

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